Freddy Mamani y el surgimiento de la nueva arquitectura andina en Bolivia

Algunas formas se originan en el arte andino: los Tiwanacotas utilizaron un lenguaje de civilización en sus formas: telas, cerámica y ruinas arquitectónicas. Foto: Alfredo Zeballos.

Un ingeniero, constructor y arquitecto autodidacta de El Alto, la ciudad más alta del mundo, municipio de la región metropolitana de La Paz, Bolivia, es un verdadero fenómeno en su país: Freddy Mamani, a quien la prensa boliviana llama “el arquitecto de pueblo” y figuró en la lista de ArchDaily de líderes, proyectos y personalidades más inspiradoras de la arquitectura en 2015.

Fue llamado por algunos por representar un nuevo estilo “barroco psicodélico”, Mamani propone una nueva arquitectura boliviana que rescata su cultura Aimara com tejidos, cerámicas y diseños y reinventa la arquitectura andina buscando inspiración em sus raíces y tradición, incluso marginados por las universidades,

Foi chamado por alguns por representar um novo estilo “barroco psicodélico”, Mamani propõe uma nova arquitetura boliviana que resgata a sua cultura Aimara com tecidos, cerâmicas e desenhos e reinventa a arquitetura andina buscando inspiração em suas raízes e tradição, mesmo marginalizado pelas universidades, de la que practica una arquitectura muy diferente y más genuina, su obra trasciende fronteras donde gana espacio internacionalmente.

Con la propuesta de ser un nuevo lenguaje contemporáneo boliviano, Mamani busca realizar la cultura de una de las ciudades más carentes de América Latina y no ser un reflejo de la estética de su elite, para que recupere elementos de su origen y enorgulle a las comunidades aimaras.

El trabajo de Mamani va más allá de la arquitectura y tiene gran valor en el contexto político, cultural y económico que históricamente refleja una división de status, siendo EL Alto, una ciudad favelada en rápido crecimiento con vistas a la capital La Paz, donde los más ricos vivían en el valle abajo.

Freddy Mamani no es arquitecto. Nacido en una pequeña comunidad aymara llamada Catavi, comenzó a trabajar hace veinte años como albañil asistente, pero sus sueños lo llevaron a estudiar en la Facultad Tecnológica de Construcción Civil de la Universidad Mayor de San Andrés (1986), y más tarde a seguir la carrera de Ingeniería Civil en UBI. Eso es todo, como explicó en un artículo reciente, con su familia instándolo a renunciar “No estudies en una universidad cara, esta es una carrera para los ricos”.

Mientras tanto, en la ciudad de El Alto, receptor durante décadas de miles de campesinos indígenas de La Paz, Oruro y Potosí, se formó una nueva burguesía aymara que encontró en el comercio de Mamani uno propio: un hombre sin aprensión académica pero entusiasmado por el idea de encontrar una identidad arquitectónica aymara. “Busca dar identidad a mi ciudad recuperando elementos de nuestra cultura original”, comenta Freddy en “Arquitectura andina de Bolivia …”.

En 2017 la obra de Freddy Mamani se transformó en el documental Cholet: The Work of Freddy Mamani, vea aquí el trailer, que fue lanzado mundialmente en el Festival de Cine de Arquitectura de Rotterdam.

En todas las proporciones debidas, ¿podemos decir que Freddy Mamani, “el arquitecto del pueblo boliviano”, sería un latino Oscar Niemeyer?

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